• Hannah Imbert

Subiendo.

-¿Qué me suba quieres?

-Claro, ¿qué más da?

-Pero, ¿no crees que está muy empinada?

-Bueno, y sí, pero, ¿qué más da?

-Que me puedo partir una pierna o destrozar la columna.

-Sí, pudieran ser algunas consecuencias, pero, ¿tienes alguna certeza?

-¿De certezas me hablas?

-Claro, ¿tienes la seguridad de que las consecuencias todas van a ser terribles?

-La verdad es que no, pero estoy valorando los pros y los contras de tu propuesta.

-¿No es que todo en la vida tiene de los dos sacos?

-Sí, esa es una certeza, pero, ¿qué podría ganar?

-¿Qué no eres capaz de valorar el paisaje que verías desde allá arriba? La cantidad de adrenalina que desprenderías te haría sentir como un hombre nuevo.

-Ni me hables del hombre nuevo.

-No me refiero a ese tipo vil.

-Lo sé, estaba tratando de hacer un chiste. Y a ver, ¿por qué no vienes conmigo? Seguramente juntos el paisaje se respiraría mucho mejor, podría abrazarte al llegar y entonces desprenderíamos muchas más sustancias y la experiencia sería sin dudas liberadora y gratificante.

-¿Yo?

-Sí.

-Bueno, no lo había pensado de esa manera. Pensé que era algo que tú necesitabas más.

-¿Y por qué?

-Bueno, pongamos que significaría que confías en mis consejos, que tomas en cuenta mis deseos de que triunfes, de que disfrutes de cosas maravillosas….

-¿Y los contra, por ejemplo, si me caigo y me quedo paralítico… te quedarías a mi lado?

-Creo que ya estás de nuevo, dramatizando.

-Pensé que no era un problema que viviéramos esto juntos, que de eso se trataban las relaciones.

-¿De qué, de que nos rompamos todos los huesos juntos?

-Bueno, pero eso no es una certeza, ¿no? Es solo una opción. Hay muchas más probabilidades de que sea algo grandioso.

-Si estás tan convencido entonces sube.

-Pero está muy inclinada…

-Ya pasamos ese punto…

-Yo subo si tú subes.

Y entonces la vida habló:

-¿Suben o no suben?

Y los dos se miraron con inquietud, habían caminado por mucho tiempo uno al lado del otro en la llanura, entre los árboles, respirando la calma de la brisa.

-¿Pero, si la idea de que tú subieras fue mía, por qué debo subir yo contigo ahora?

-Porque me parece justo.

-¿Justo?

-Y hermoso.

-¿Hermoso? ¿Y dónde quedaron ahora tus con

tras, tus miedos?

-Al lado tuyo soy un tipo más seguro, sería capaz de ir hasta el fin del mundo.

-¿Pero solo no?

Y la vida volvió a preguntarles, como siempre de desesperada, de tajante.

-¿Suben o no suben?


Hannah Imbert


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